Cabezas parlantes (Talking Heads).

La #pandemia2020 rápidamente redujo al ser humano a cabezas parlantes, talking heads. Casi de repente, la estética se volvió un cúmulo de recuadros en pantallas parloteando unas con otras. Fondos caseros con cabezas parlantes.


Podría ser un oficinista, un periodista, una ama de casa, un estudiante, un actor o quien sea, el común denominador ha sido un mismo encuadre. Años y años de desarrollo en el lenguaje audiovisual para reducir al ser humano a un close up permanente durante el 2020.


Parece que la humanidad ha reducido su propia humanidad. La misma plantilla para interactuar todos con todos. La misma pregunta: ¿Me escuchas? La misma problemática ¿está bien la conexión? En la supuesta diversidad global, la unificación formal.


Dentro de tanta uniformidad caben las preguntas individuales ¿quién eres y qué es lo que más deseas? en medio de este cortocircuito de la rutina global llamada pandemia. Parecía que no nos iba a llegar esa paranoia cuando el epicentro era China pero a todos nos llegó.


En un extraño diálogo con la historia el director de cine Krystof Kieslowski hizo en sus años mozos un cortometraje llamado Talking Heads. Close ups a distintas personas de edades variadas, de mayo a menor, respondiendo a las preguntas: ¿quién eres y qué deseas? Niños, jóvenes, adultos y mayores, en orden cronológico intentando responder las mismas dos preguntas.


https://www.youtube.com/watch?v=YIjxNdzmiao


Años después el director de ese experimento existencial cotidiano mencionó en una entrevista que le interesó hacer esa pequeña investigación porque realmente él mismo no se podía responder esas dos preguntas, ni quien era ni que deseaba en ese momento.


Tomarse el tiempo de responder esas dos preguntas puede ser un ejercicio de sinceridad interesante, si es frente al espejo, mejor ¿Quién soy? ¿Qué deseo?


Lo que sí sabemos, es que no queremos ser cabezas parlantes de pantalla de manera permanente. Se extraña cierta individualidad contra los moldes permanentes que crea la sociedad de consumo globalizada que se niega a aceptar la diversidad en el crisol del ser humano.


Lo que nos hace únicos es nuestra vastedad en las diferencias. Lo normal son nuestras enormes diferencias entre unos y otros. Nuestras formas tan variadas de ser y hacer las cosas.


No sólo somos cabezas parlantes, también somos panzas abultadas, piernas delgadas, nalgas anchas, narices largas, pies planos y un infinito etcétera que la naturaleza provee.


Más diversidad en el cine. Menos estética hegemónica.




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