Ingesta audiovisual.

La sobresaturación de oferta de streaming puede causar indigestión audiovisual. Desde que el modelo de negocios de Netflix se consagró y marcó la pauta, más empresas decidieron seguir el mismo camino y emular la fórmula. Suscripciones exclusivas para contenidos audiovisuales "únicos" que no se pueden encontrar en otras plataformas. La competencia apenas inició con cada vez más jugadores globales apostando a la fórmula de suscripción.


En los últimos dos años saltaron al mercado los competidores de Netflix y no jugadores nuevos, sino grandes corporativos mediáticos y tecnológicos. Ya casi llega Disney+ a Latam.


El mantra parece ser refrescar el menú de opciones de manera permanente. Que nunca parezca el mismo catálogo y que los estrenos dominen el consumo adictivo de la serie o película de moda. Eso implica que el algoritmo refresque el menú para que cada que ingresas parezca un mundo fresco y abundante, por no decir saturado. Una sobre-oferta con la que ni siquiera tengas opción para decidirte.


Incluso parece que los mismos catálogos generan contenidos sobreabundantes de distintas calidades para que sobresalgan ciertos contenidos, sobre todo los manejados como premium. Es decir, también se generan contenidos de mediana y baja calidad, de manera deliberada, para que sobresalgan los contenidos masivos premium que generan conversación inducida en la comentocracia periodística pautada por rigurosas estrategias de marketing digital en redes sociales.


Lo que parece que esto está provocando es la sobre-saturación que le impide al usuario escoger libremente. La serie adictiva del momento tiene que ser consumida porque si no, te quedas fuera de la conversación en redes sociales. Y eso sería un pecado de sobre mesa entre los grupos de amigos. Que no te enteres de lo que se está hablando porque no sigues la serie de moda.


Por otro lado, la variedad parece un espejismo. Rápidamente las fórmulas se vuelven a repetir y el canon anglosajón mantiene la hegemonía aspiracional. Si no parece de Hollywood no le crees o no te gusta. O si no se asemeja al canon gringo, aunque esté en otro idioma, se ve raro y lo rechaza el espectador.


Parece que hay más opciones para generar contenidos y producciones nuevas, es decir más opciones de trabajo para creadores cinematográficos y productores pero los embudos siguen siendo los mismos. Un entretenimiento enajenante con su dosis adictiva serializada para generar usuarios-adictos más que espectadores o audiencias diversas.


Parece que no se está ganando en variedad y opciones. Esa extraña sensación de no hay nada que ver o ya lo vi todo o todo es muy parecido. Esto no ayuda a enriquecer las experiencias del espectador y más bien tiende a homogeneizar gustos y de ahí a ser más propaganda hegemónica que cualquier otra cosa. Es una extraña paradoja de entre más oferta menos cosas que ver. Y en consecuencia menor calidad o riesgo en los contenidos o menor diversidad de puntos de vista de la vida. Constreñir de una manera con la sobreoferta es una paradoja que se debería resolver siendo consumidores críticos y exigentes, de preferencia.


La apuesta podría ser: ser más selectivos. No exclusivos, sino más conscientes de gustos diversos, ampliarlos, hacerlos gustos más diversos con un autoconocimiento propio más amplio y a la vez aumentar nuestra capacidad de riesgo viendo cosas diferentes entre sí. Seleccionar mejor, con más precisión y autoconocimiento para ampliar las experiencias estéticas. Tal vez catálogos menos saturados, más rotativos y con opciones de rescatar viejas joyas o ver cosas con diversidad de pensamiento e ideologías.


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