La cartelera de cine.

Actualizado: 31 de ago de 2020

¿Cómo se programan las carteleras cinematográficas? El primer paso lo dan las llamadas majors, las grandes distribuidoras globales norteamericanas: Universal, Warner, Disney (Fox), Columbia (Sony Pictures), Viacom, quienes tienen repartidos y negociados entre ellos sus estrenos durante todo el año. Sobre todo en dos momentos importantes para la taquilla: el verano y el mes de diciembre.


Una vez repartido ese pastel se acomodan las demás distribuidoras detrás de esa fila. Hollywood tiene más o menos calculados sus estrenos importantes a largo plazo (5-10 años). Después de eso vienen las demás distribuidoras, medianas y pequeñas, acomodando sus estrenos en los huecos dejados por las majors. Y detrás vienen las distribuidoras independientes y las distribuidoras locales de cada ciudad o país.


Por otro lado, los principales #festivales de cine marcan también el ritmo de la cartelera del siguiente año. Los festivales del circuito llamado tipo A marcan el paso: Berlín, Cannes, Venecia, Toronto y San Sebastián, los más grandes y tradicionales del circuito de festivales.


Y detrás vienen festivales locales, muestras y cines independientes. A grandes rasgos así ha circulado el ritmo anual de la cartelera. Se calcula que se estrenan tres mil películas por año en todo el mundo. Además de la competencia directa en las plataformas de streaming en las que muchas veces ya no pasan o ya no se estrenan las películas en salas de #cine.


Las cinetecas, filmotecas y cines independientes manejan su cartelera de una manera más libre a partir de sus propios objetivos y necesidades. Aunque cada vez dialogan más de manera directa con la llamada cartelera comercial compartiendo estrenos.


Los festivales también presentan novedades en sus programas sin que necesariamente pasen muchos de sus títulos a las carteleras comerciales. Son oportunidades únicas para ver otros contenidos de cine. Lo complicado de los festivales es que durante los días que sucede es casi imposible ver todos los títulos exhibidos o por lo menos la mayoría dada la exagerada saturación de su programación. Lo más importante de los festivales, además de la competencia y las fiestas, son los mercados de cine donde se concretan acuerdos de distribución o acuerdos de co-producción o de desarrollo de proyectos y/o acuerdos de promoción.


Había una regla comercial no escrita en la que pasaban tres meses del estreno en cartelera de cines para saltar a otros formatos de consumo, sobre todo casero, pero este ritmo se rompió con Netflix y otras plataformas de streaming. La convención se ha ido acomodando y ahora corren diecisiete días entre un estreno en las grandes cadenas de cine norteamericanas (amc) y algunas de las plataformas digitales más populares.


Ese era el ritmo de la cartelera hasta que la pandemia 2020 lo rompió o modificó. Aún no sabemos si para bien o para mal. Se cancelaron estrenos, se atrasaron festivales, se cancelaron encuentros globales y se alteró por completo el ritmo de estrenos y de la cartelera.


Poco a poco se va recuperando la asistencia a las salas comerciales.


Hasta el momento el regreso del espectador es tímido pero con crecimiento sostenido. Se retomaron las campañas de marketing de los grandes estrenos. Y se espera que poco a poco fluya el ritmo de asistencia a las salas. Con las debidas precauciones.


El gran monstruo detrás de los estrenos globales son las permanentes estrategias de marketing y publicidad. Son estrategias que triplican los presupuestos de producción y es lo que realmente mueve a la industria del cine. El marketing tan agresivo tiende a opacar a las películas en sí mismas. Empieza la promoción desde que un estudio cierra un acuerdo con algún productor o guionista y comienza la maquinaria a funcionar en el momento en que se confirma el elenco.


Con el pretexto de informar o generar prensa, se lanzan campañas agresivas desde antes del rodaje para sostenerlas lo más posible durante todo el proceso de producción hasta llegar al gran momento publicitario: el estreno mundial.


Así se suceden las grandes producciones una tras otra para ocupar la mayor cantidad de pantallas para los primeros fines de semana de estreno y recuperar la inversión lo más rápido posible, acaparando salas y pantallas. Que el público salga o no decepcionado después, ya es otro tema.


El modelo de negocios de las grandes producciones implica quintuplicar el monto de inversión. Incluido el presupuesto de marketing y publicidad, que triplica el de producción. Si la película de estudio no quintuplica sus números en taquilla se considera un fracaso.


De ahí la agresividad y control de #Hollywood por sus estrenos y campañas globales. De ahí la necesidad de poner como modelo occidental el estilo de vida norteamericano y su permanente aspiración. De ahí la asfixia a cines locales para que los números salgan. De ahí la prensa que alimenta el sistema de estrellas para mantenerlo al día y cotizado para los estrenos de temporada.


El modelo se ha trastocado mucho por el cine vía streaming y por la pandemia. Empiezan los primeros movimientos de reacomodo. El consumo de cine se va empujando cada vez más a las plataformas digitales pero la experiencia de la gran pantalla sigue viva. Cada individuo decide su ritmo de consumo y de esa manera se cierra el círculo que alimenta las carteleras: la asistencia del espectador a las salas cinematográficas.


Función de Paterson en El Cinebar en bar Azotea Acapulco, 2017.

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