La exhibición de cine en México hoy.

La exhibición de cine en México es el talón de aquiles de la “industria” cinematográfica. Industria entre comillas, para realmente hablar de una industria se tendría que generar rentabilidad que le permita ser autosuficiente y viable.

De preferencia debería evitar co-depender tanto de apoyos, estímulos y subsidios gubernamentales. Apoyos cuestionados por supuestas prácticas de corrupción, amiguismos y sectarismos, que parecen difícil de desmentir. Y al mismo tiempo, los fondos públicos son vitales y deben existir bien administrados, pero se deben utilizar como trampolín, no como paracaídas.


La pauta de la exhibición en México la marca el llamado duopolio: Cinépolis y Cinemex. Socios de Hollywood a través del dinero financiero de Wall Street de donde surgieron o resurgieron, de ahí su prioridad con sus socios de las grandes distribuidoras, básicamente son el mismo equipo. No se le pueden pedir peras al olmo. Ese amasiato explica la sobresaturación de la cartelera y el número de pantallas cedidas y apartadas para los estrenos hollywoodenses. Trabajan a la par como socios.


Lamentablemente esta asociación va en detrimento de la variedad de realidades retratadas en el cine y de la posible rentabilidad de una industria local.


Las prácticas monopólicas junto con las prácticas de sicarios financieros de las grandes distribuidoras globales y de la Motion Picture Association (MPA) no dejan mostrar variedad en las carteleras cinematográficas. Los cálculos de Hollywood y sus socios son fríos. No se pueden permitir descuidar su cuarto mercado más importante. México es fundamental para los ingresos de taquilla de Hollywood. Cosa que repercute en todos los males del cine mexicano y también en la mayoría de los países. La lógica extractivista aplicada al cine.


Cinépolis Universidad y Cinépolis Perisur han sido en distintos años las salas con mayor venta de boletos en un año en todo el mundo, incluso por encima de cines en ciudades tan grandes como Bombay.


Este acaparamiento salvaje de pantallas de Hollywood deja muy pocos espacios para la diversidad, el arte, lo local y la experimentación. Hay intentos de las grandes exhibidoras por paliar esta realidad. Se escudan en salas de arte, circuitos de distribución de cine nacional y de apoyos a festivales o del muy forzado día del cine mexicano.


Hay también un llamado circuito alternativo en México que sobrevive asfixiado por la cartelera comercial. Sobresalen en este circuito alternativo los cines institucionales como cinetecas, filmotecas y festivales, que viven, sobre todo, por los subsidios gubernamentales locales y federales. Los pequeños cineclubes sobreviven más por esfuerzos didácticos de instituciones educativas y las iniciativas de sus alumnos o los actos kamikaze de cineclubes de casas de cultura locales.


Después vienen los esfuerzos independientes privados de exhibición alternativa que su riesgo es más claro e interesante pero que la sobrevivencia financiera y subsistencia económica siempre está al límite. Entre más audiencias los visiten más posibilidades de sobrevivencia tienen.


A pesar que los tiempos en pantalla comercial están legislados, no se cumplen. O se cumplen de manera mañosa. Las leyes de cine, las reglas del juego están dominadas por el mercado. El cálculo del mercado global tiene en México uno de sus principales motores. No por nada se incrementó la asfixia con las reglas que rigen la ratificación del T-Mec en materia “cultural” de cine, que favorecen aún más a la industria de Hollywood.


Y aún así, hay muchos esfuerzos independientes que valen la pena en términos de distribución y exhibición. Esfuerzos que enriquecen la vida interior del espectador con contenidos más estimulantes. Hay que buscar y seguir estos esfuerzos de exhibición independiente en las carteleras aunque estos esfuerzos surjan de manera esporádica y regularmente se complique su sobrevivencia a largo plazo por tanta asfixia comercial.


Función de El Cinebar en terraza Linneo, 2014.

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